
Desde hace más de veinte años el profesor von Hermann ha seguido muy de cerca a Martin Heidegger, su pensamiento y su persona: es uno de los principales editores de las Obras Completas (Gesammtausgabe), en concreto de volúmenes tan conocidos como Sein und Zeit, Holzwege o Beiträge zur Philosophie. Explica cómo se ha organizado la edición de las Obras Completas siguiendo las directrices del propio autor, respetando el querer de su hijo, el historiador Hermann Heidegger, y los criterios editoriales de Vittorio Klostermann, cuya editorial dirige actualmente su hijo Michael Klostermann, que posee la exclusiva de sus ediciones.
Una de las directrices es que no se publiquen estas obras póstumas como ediciones histórico-críticas, sometidas a exámenes filológicos, si tal como las dejó el autor.
Sin duda, lo que queda por publicar es mucho, y antes del 2000 no se habrá concluido. Se están preparando doce nuevos volúmenes de una colección completa de sesenta y cinco que en su mayoría ya están publicados. Además hay otros muchos inéditos para volúmenes posteriores. No se ha pretendido incluir escritos marginales, que artificialmente se han reunido en un libro, con un título arbitrario. En estos volúmenes se respeta claramente el tema y la cronología, porque en gran parte son fruto de la labor académica de Heidegger (seminarios, lecciones magistrales) o de actividades culturales y conferencias dictadas en toda Alemania.
Elaborar estos tomos ha obligado a von Hermann a reunir varios doctores o profesores en torno a él, formando un equipo de trabajo que investiga el pensamiento de Heidegger y prepara estas publicaciones. Al comprobar que impulsó que a toda esta empresa le ha dado su aprecio personal por Heidegger y también su rigor intelectual, que hace de la filosofía un camino hacia la verdad. Friedrich Wilhelm von Hermann es también autor de estudios especializados como Subjekt und Dasein. Interpretationen zu «Sein und Zeit», y un gran conocedor de la Historia de la Filosofía, especialmente de San Agustín, y de la metafísica.
«La gran cantidad de volúmenes es una prueba de la constancia de la pregunta por el ser y da pie a una pluralidad de estudios. El esfuerzo de reunir estos escritos e un débil eco del «comienzo», siempre presente, pero paulatinamente más lejano: el proceder de la verdad.»(autor1)
Una de las preguntas que se realizó en este artículo se refiere a las dos corrientes principales de la filosofía actual: la hermenéutica y la filosofía del lenguaje. ¿Qué papel juega Heidegger en esas dos corrientes?
La hermenéutica, en sentido amplio, es una de las tendencias filosóficas dominantes en el mundo actual. La filosofía analítica del lenguaje ocuparía el segundo lugar en importancia. Las figuras de Martin Heidegger y Ludwig Wittgenstein son, sin duda, las más relevantes de este siglo.
Autor1: Heidegger
El término hermenéutica hay que entenderlo, en sentido amplio, desde Martin Heidegger, que concibió de un modo nuevo la fenomenología como fenomenología hermenéutica. En este sentido habría que nombrar como discípulos a Hans Georg Gadamer, la figura más sobresaliente en Alemania, y a Paul Ricoeur en Francia. Sin embargo, yo diría que Heidegger no calificaba a su pensamiento como hermenéutico, si por tal se entiende un quehacer filosófico estrictamente hermenéutico. Fue después de Gadamer cuando se le adscribió a esa corriente. Heidegger, desde el inicio de su filosofía, adopta una perspectiva mucho más amplia.
La grandeza de Heidegger consiste en que, por la índole misma de su modo de preguntar, aborda las cuestiones fundamentales de la filosofía occidental; se plantea la pregunta fundamental por el ser, por la esencia de la verdad y del pensar, por la esencia del tiempo y del mundo, por la esencia del espacio. Heidegger retoma esas cuestiones fundamentales de un modo nuevo, desde su misma raíz, mirando y atendiendo a toda la historia de la filosofía occidental, que entendió como nacida y proveniente de la filosofía antigua.
Plantea las cuestiones fundamentales desde una situación histórica nueva (neue geschichtliche Grundstellung), como él decía, una situación provocada por su propio pensamiento. A ellas pertenece la pregunta por la esencia del lenguaje, del arte. El pensamiento de Heidegger unifica todas esas preguntas fundamentales en una filosofía de alcance universal. En la medida en que también asume la pregunta por el lenguaje y el arte, la filosofía de Heidegger es en cierto modo más amplia y universal que la filosofía analítica. Si una filosofía parte únicamente de la perspectiva del lenguaje, y se dedica a su análisis lógico, cae en el reduccionismo desde el punto de partida.
Si la filosofía del lenguaje y la filosofía hermenéutica, que arrancan de Heidegger, son calificadas como los principales movimientos filosóficos de nuestro siglo, entonces estoy convencido de que la figura más sobresaliente es Heidegger. Simplemente estoy convencido de ello: es la gran figura de este siglo, por encima incluso de Wittgenstein. Podemos situarlo en la línea que comenzó en los presocráticos, Platón y Aristóteles, y continuó en Plotino y Agustín, Tomás de Aquino, Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant, Fichte, Schelling, Hegel, Nietzsche. Doce o quince grandes figuras, cumbres solitarias y dominantes en la historia de la filosofía europea. Heidegger es el último de esta gran serie. No pertenece sólo a la hermenéutica, si se entiende este término como lo hace Gadamer.
Algunos dicen que es condición natural de la filosofía estar en crisis. La filosofía parece haberse convertido en una actividad academicista que no conduce a nada, no tiene ninguna influencia en la sociedad...
La filosofía sólo en casos muy contados ha provocado cambios inmediatos en la sociedad humana. Por otra parte, se debe decir que el pensamiento de Heidegger no se quedó sólo en el ámbito académico. Su influjo llegó mucho más allá, en primer lugar a la ciencia. Eso se debe a que Heidegger concibió la relación entre filosofía y ciencia como lo hizo la filosofía griega, Platón y, sobre todo, Aristóteles, que fundamentó esa relación. Heidegger asumió una actitud interrogante básica y fundamental, de un modo totalmente nuevo: su filosofía entabla un diálogo con las ciencias, tanto las de la naturaleza como las ciencias humanas. Por ejemplo, las conversaciones que Heidegger mantenía con los dos físicos más importantes de este siglo, Heisenberg y Weizsäcker.
El diálogo de Heidegger con las ciencias hace que su patrimonio intelectual sea mucho más amplio, que abarque lo científico y también lo social y el ámbito de la opinión pública. Esta extensión al ámbito social, poco frecuente en la filosofía, ha hecho que en los últimos tres años el pensamiento de Heidegger haya tenido una gran influencia en los países del Este de Europa y en la URSS.
En el momento en que el marxismo-leninismo se derrumba por completo, aparece un inmenso vacío espiritual, a partir del cual los pensadores de esos países se adhieren en gran número a la filosofía de Heidegger; esta actitud crece de día en día. Se puede apreciar cómo este pensamiento, y su recepción en los círculos filosóficos de los países del antiguo bloque del Este, inciden directamente en la transformación y renovación de la sociedad.
Decía que la filosofía parece haberse quedado ensimismada y encerrada en un callejón sin salida, que impide ir más allá. En este sentido puede decirse que la filosofía de Heidegger es un nuevo gran comienzo de la filosofía occidental en general de la historia del espíritu europeo. La filosofía en Occidente fue siempre un factor absolutamente decisivo en la historia del espíritu. El pensamiento de Heidegger, tal y como lo legó después de su muerte, no es un pensamiento cerrado en sí mismo; es como un inicio: él lo llamaba “caminos” y “el tránsito hacia el otro comienzo” (andererAnfang). Así, describe su filosofar como el «estar puesto en el tránsito» desde el primer comienzo (preguntarse por el olvido del ser) hasta el otro comienzo (buscar el ser en el arte por el pensamiento del Ereignis, “acontecimiento originario”). Es así como entendió su filosofía, en la que mostró un esbozo de ese otro comienzo, dejando al mismo tiempo todos los caminos abiertos, para ser recorridos y proseguidos por nosotros. En el pensamiento de Heidegger encontramos un potencial gigantesco y difícilmente abarcable en totalidad. Se trata de un potencial para la configuración espiritual de la sociedad futura.
Pensé ahora en la pregunta de Heidegger por la esencia de la técnica. Vemos que no se trata de una pregunta específica: la filosofía de la técnica contrapuesta a la filosofía del arte. Más bien ocurre que en esta pregunta filosófica por la esencia de la técnica se reúnen todas las preguntas fundamentales sobre la esencia del ser humano: la pregunta por la esencia del hombre, por la esencia del lenguaje, la esencia del arte en nuestra época tecnificada, la esencia de la verdad, la esencia del ser... La pregunta por la esencia de la técnica quiere contribuir a una superación, como Heidegger lo llama, del peligro máximo que hay en la esencia misma de la técnica: que el hombre y la sociedad humana, a nivel mundial, se entiendan sólo desde la esencia de la técnica. Sería el máximo peligro para el ser humano y para todos los seres. Desde este punto de vista, aunque la filosofía de Heidegger no es directamente aplicable a la transformación de la sociedad humana, sí lo es de modo mediato. El pensamiento de Heidegger es capaz de esto, y no, insistiría de nuevo, la filosoba analítica del lenguaje.
¿Cómo quiere usted que con los medios de pensamiento que tiene la filosofa analítica del lenguaje, que surge de una lógica que el mismo Heidegger puso en cuestión, puede cambiar o transformar la sociedad humana? Habría que decir, como una crítica a la filosofía analítica desde Heidegger, que ésta, con sus presupuestos y su diversidad de métodos, está determinada por la metafísica, porque ella en sí misma ya es metafísica. En ella la lógica formal matemática se despliega en muchos juegos de lenguaje. Por eso pertenece a la esencia metafísica del pensamiento occidental. El pensamiento técnico está muy próximo a la filosofía analítica. La hermenéutica, conectada con Heidegger, y la filosofa analítica, originada en Wittgenstein, no van paralelas. Tampoco se puede decir que hayan tenido entre ellas un diálogo fructífero, puesto que la filosofía analítica, desde su inicio, está determinada por un método que Heidegger consideró cuestionable para determinar la esencia del pensar de un modo nuevo.
Sin duda, se encuentran en diálogo histórico con toda la filosofía occidental. En ello estriba la gran ventaja de la filosofía hermenéutica, sobre todo en Heidegger, que no se desprende ni da la espalda a las grandes preguntas filosóficas heredadas, incluidas las metafísicas. Por el contrario, toma en serio la historia de la metafísica occidental, de un modo sólo comparable al de Hegel, que desde su postura filosófica fundamental asumió toda la historia de la filosofía y la elaboró.
Esto mismo trató de hacer Heidegger. Ahí está la segunda gran cuestión: no rompió con la tradición filosófica. Las aportaciones de la historia de la metafísica, en sentido heideggeriano, se entienden como la historia del primer comienzo (la pregunta por el ser), que, en su situación histórica actual, anunciada por Nietzsche, se manifiesta sobre todo en la esencia de la técnica; ahí se muestra el otro comienzo, determinado no ya por un acabamiento, sino por un ir más allá de la metafísica. Un filosofar como el de Heidegger se concibe como un pensar en el tránsito hacia el otro comienzo. Si se concibe a sí mismo como el filosofar del otro comienzo, permanece unido históricamente al pasado, a la historia del primer comienzo.
Ya en su acepción terminológica, el otro comienzo no se puede pensar como tal otro si no hay un primero. Y la historia del primer comienzo permanece siempre esencialmente dentro del pensamiento del otro comienzo. Se cobija allí, en el sentido de que queda guardado. El otro comienzo recoge y acoge al primer comienzo. Justamente este componente histórico, para Heidegger esencial, de la destrucción fenomenológica de la historia de la ontología, era, ya en su primer pensamiento fundamental ontológico, una elaboración positiva de toda la historia de la filosofía anterior, como ocurría también en su búsqueda de la historia del ser, en la cual se pregunta por la historicidad del ser, y en concreto por la historicidad del Dasein.
La filosofía analítica carece de esta dimensión de historicidad. Aunque esta filosofía parece grandiosa, tiene unos límites muy claros. Su limitación consiste en su escasa capacidad de estar abierta a la historia de la filosofía. Cuando se piensa en Wittgenstein, y en los pocos grandes autores occidentales que están presentes en su filosofar, resulta casi una casualidad que la figura de San Agustín aparezca en él. ¿Qué queda ahí de una verdadera reelaboración especulativa de Agustín, además de un descomponer y desechar la historia de la filosofía de Occidente?
¿Se podría hablar de una influencia clara de Heldegger en otros autores, y sobre todo en aquellos que han definido lo que llamamos posmoderoidad?
Tiene mucha razón al ver en la posmodernidad un descendiente del pensamiento de Heidegger. Los representantes de la posmodernidad se consideran heideggerianos. Atendamos en primer lugar a la pregunta por la ética. Lévinas es, en este aspecto, la figura más relevante dentro de esta corriente. No concibe la ontología como metafísica, sino que declara la ética como filosofía primera. Cuando uno observa el modo en que Lévinas elabora y confronta esta tesis con la historia de la filosofía, y se compara con el modo en que Heidegger lo hizo, se llega a la conclusión de que su análisis de la historia de la filosofía occidental, desde Platón a Hegel, es poco penetrante. Expone tesis que no se han obtenido después de una elaboración profunda y diferenciadora de los grandes planteamientos filosóficos de Platón o de Hegel. Al leer los escritos de Lévinas, estos parecen pausibles a primera vista, pero cuando se pregunta más en concreto qué es lo que de verdad pretende con sus críticas a la historia de la ontología metafísica occidental, entonces se detecta que esa crítica es cierta en parte, pero contiene también grandes malentendidos. Éstos se hacen patentes, sobre todo, en su postura e interpretación del pensamiento de Heidegger.
Desde mi punto de vista sobre el pensamiento de Lévinas, he llegado a la siguiente conclusión: el modo en que se enfrenta a la historia de la ontología occidental y a Heidegger, al que incluye en esa línea tradicional, no es para mí un estudio suficientemente crítico para elaborar un planteamiento propio de sus preguntas y de su filosofar acerca del “otro”. Tiene ciertamente consideraciones fenomenológicas muy bellas acerca del “otro”, fruto de su propia especulación, pero pienso que se podrían reducir a las que Heidegger desarrolló acerca de la estructura existencial del ser con (Mitsein) el otro Dasein: el ser ahí con (Mit-Dasein). Lévinas alcanza su concepción filosófica a partir de las indicaciones fenomenológicas de Heidegger en el ámbito del “otro”.
Heidegger llamó ontología fundamental a la elaboración de su primer pensamiento. Pocos años después desarrolló un pensamiento acerca de la historia del ser, posterior a la Kebre (giro): es el pensar del Ereignis
(acontecimiento originario). Este pensamiento se enfrenta con su ontología fundamental. La crítica de Lévinas se dirige al primer Heidegger de Ser y Tiempo, prescindiendo de su segundo pensamiento. Habría que ver hasta qué punto hubiera podido mantener sus tesis críticas sobre Heidegger, si en su crítica incorporase el pensar del Ereignis.
Parece que los posmodernos reducen la filosofía a ética y estética, y pretenden que ésa es la herencia y continuación de Heidegger. A mi modo de ver, Heidegger quería más bien convertir la estética en un modo de recuperar la ontología.
AUTORA: NATALIA ABARCA JEREZ
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